Lo vi bien, lo veo mejor

Lo vi tirarse al piso con mucha intensidad. Lo vi gambetear a varios jugadores. Lo vi hacer lindos goles. Lo vi tocando bien la pelota. Lo vi metiendo pases exquisitos. Lo vi movedizo. Hasta acá las cosas positivas que le vi a Enzo Pérez desde su llegada a River.

También lo vi hacer faltas innecesarias. Lo vi protestar demasiado. Lo vi errar pases y perder la pelota. Lo vi estático. La vi trasladar la bocha sin necesidad.

Y algo que lo hace único…lo vi gritar goles como nosotros en la tribuna. Lo vi cantar canciones de tablón en medio de un partido. Lo vi festejar títulos como a pocos futbolistas con la banda roja cruzándose el alma y el corazón.

El volante hincha-jugador llegó al club con la mochila llena de experiencia, jerarquía, calidad y ganas. Al principio esperó su momento en el banco, después saltó a la cancha y mostró todo su repertorio, pero luego cayó en un pozo, sí…como todo el equipo, y su bajón se sintió mucho. De a poco está levantando, está volviendo a ser el que es, el que ya vimos.

Desde el partido con Boca, sí ese mismo que desbloqueo todo y a todos, ya se lo vio mejor, entendiendo su función puntual en esa batalla, y de a poco se fue soltando y volviendo a ser ese tipo distinto. No se lo ve superponiéndose con sus compañeros, sobre todo con IgnacioFernández, se lo ve más cómodo y con más confianza, como diciendo “acá estoy eh, no me fui”. El 4-3-1-2 movible que se planteó en los últimos encuentros parece haberle asentado bien. El y Nacho se van moviendo pero aparecen generalmente por distintos costados, con Ponzio de 5 clásico y Pity de 10.

Con Belgrano anduvo bien y con Defensa mejor aún. Últimamente lo vi mejor, lo vi más fino. ¿Y saben qué? Lo vi reír, lo vi feliz. Lo vi a Enzo Pérez.

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