Para siempre

A eso de las 6 de la tarde, a varios kilómetros de Mendoza, en la Ciudad de Buenos Aires, se largó una fuerte tormenta. Inmediatamente pensé en esa noche de Copa Libertadores, porque cada vez que llueve fuerte y River juega una parada brava pensamos en esa jornada consagratoria.

Sin embargo, allá estaba todo despejado, así lo mostraba la televisión. En tierras mendocinas, donde si no fuese por los malos manejos de la organización tendría que haber estado como otros miles de hinchas que ya teníamos pasaje y hotel a Córdoba, los factores climáticos eran otros.

Terminado el partido la luna, las estrellas, nuestros corazones, todo brillaba, tanto para los que estaban en la cancha, los que estábamos prendidos a la tele, los que tenían la oreja pegada a la radio y para todos los riverplatenses que, a lo largo y ancho del país y en distintos puntos del mundo celebramos una noche inolvidable e histórica, otra más con ellos enfrente, de rodillas.

Grupos de amigos que viajaron a Mendoza, otros que se juntaron a comer un asado, en todos los barrios, en las distintas filiales y agrupaciones, en diferentes ciudades y en todos lados nos abrazamos fuerte como Ponzio, Enzo Pérez, Maidana y Mora. Festejamos como Montiel, Nacho Fernández y Pity. Inflamos el pecho como Gallardo. Sí, todos juntos, como si se tratara de una sola persona, y soltamos un grito del alma, bien desde adentro. Un grito que va a quedar grabado para siempre.

Qué linda sensación. Qué difícil explicarlo. Una alegría que recorre todo el cuerpo. Y pensar que en un momento nos costaba, pero la vida pone todo en su lugar. Te mal acostumbra, como River. Jugamos con ellos y sentimos que vamos a ganar, o por lo menos que va a ser difícil que nos superen. Ellos también lo saben. ¿Hace falta recordar… Copa Sudamericana, Copa Libertadores, en La Bombonera, en el verano, etc? No sé, pero nunca está de más recordarlo.

Porque a Boca le ganamos jugando y luciendo cuando se puede, metiendo y corriendo, y aunque sea una frase hecha, un poquito del “le ganamos con el escudo” hay. Con la banda roja y con Gallardo, ese tipo único que vino para cambiar, ganar y hacer historia. Y atrás de él un grupo de jugadores con hambre, huevos y sentido de pertenencia. Ellos y nosotros siempre tendremos en la memoria este 14 de marzo.

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