Desilusión al palo

Se terminó el sueño de la Copa Libertadores para River. FOTO: Clarín.

Nos dimos un golpazo. Las sensaciones que nos deja la caída en la Fortaleza de Lanús son muchas pero se resumen en dolor, bronca y desilusión. Dolor por cómo se dio el partido, que parecía controlado y en 24 minutos nos hicieron cuatro goles para darnos vuelta la serie. Bronca por las pésimas decisiones que tomaron Wilmar Roldán y la gente del VAR que claramente perjudicaron a River. Y desilusión porque el entusiasmo por llegar a una nueva final de Copa Libertadores era grande y se nos escapó por un cóctel de situaciones que ni el más pesimista hubiera llegado a imaginar.

En conferencia de prensa post derrota, un Gallardo golpeado estuvo lúcido como es costumbre a la hora de declarar y remarcó la necesidad de analizar lo que pasó separando por partes lo sucedido: la responsabilidad del equipo y los fallos arbitrales. Sacamos una buena ventaja hasta las 44 minutos del primer tiempo (hasta que descontó Sand) y luego del gol tempranero del Granate en el complemento que empató el partido, River no fue ese equipo que durante la era del Muñeco manejó las series de eliminación directa con jerarquía y templanza. Nunca pudo bajar el envión anímico que agarraron los de Almirón y el local se lo terminó llevando puesto.

Por otra parte, la caída duele mucho más por las cuestiones que exceden la responsabilidad de nuestros jugadores. Jode porque hay situaciones que no dan para la discusión. Wilmar Roldán y sus colaboradores, tanto dentro como fuera de la cancha, decidieron usar el VAR para un solo equipo. Eligieron no utilizarlo para chequear el penal que cometió con la mano Marcone tras el enganche de Scocco cerca del área chica, y luego, procedieron a la inversa con el que cometió Montiel en el segundo tiempo, y que le iba a terminar dando la ventaja definitiva a los de Sur. Tampoco lo usaron para el golpe que le dio Román Martínez a Rojas en la jugada previa al tercer gol de Lanús. ¿Polémico? No, para nada. Claramente River fue perjudicado y lo que agrava la situación es que no fue solo con jueces de cancha, si no por tres colaboradores más que los respaldaban con cámaras de video. Pasó como si nada. ¿Era una semifinal de Copa Libertadores el momento más adecuado para probar el VAR? Que cada uno saque sus propias conclusiones acerca de ciertas experiencias que se viven en el mundo del fútbol y no pasan en otros deportes.

En el medio de este trayecto, en el Mundo River pasó de todo. Dos casos de doping que fueron sancionados (Mayada y Martínez Quarta), las salidas inesperadas de Driussi y Alario a mitad de camino, la recuperación de Larrondo que no llega nunca, y algunas lesiones temporales que le complicaron el panorama a los dirigidos por el Muñeco que, pese a algunas incorporaciones, careció de variantes en algunos sectores de la cancha. Con viento en contra, el Millonario se metió entre los cuatro mejores de América y continúa dando pelea en Copa Argentina y la Superliga. Nos pegaron una piña fuerte, de esas que la marca va a tardar en borrarse. No solo por lo que pasó dentro de la cancha en la Fortaleza, sino porque el pesar es más grande por la identificación que tiene el hincha con un equipo que de a poco, superando obstáculos, nos hizo soñar en grande, como siempre sucedió con Gallardo como entrenador. Y no es poca cosa. El fútbol a veces duele, y si te quedás afuera por cuestiones que te exceden, difíciles de disfrazar, además te da bronca, y mucha. Pero esto es River, y hay que seguir mirando para adelante. Ahora habrá que dar vuelta la página, pensar en Boca y en lo que viene tanto por la Superliga, como por el choque de semifinal de Copa Argentina frente a Morón.

Noticias relacionadas