Resaca de una noche de Copas

Lo dijo el Muñeco, al equipo le pasó factura la resaca del jueves. Es que aquel 21 de septiembre del 8-0 histórico River lo disfrutó, lo exprimió al máximo. Esa noche se puso la mejor pilcha, esa de mística copera y de las paradas bravas, esa que tan bien le queda; se perfumó con la fragancia del buen juego; y comió, tomó, bailó y gozó en la fiesta de la primavera Monumental. 

Al otro día amaneció con dolor de cabeza y mareos pero sonriente y feliz de la noche que había pasado. Y ese “mal estar” post hazaña le quitó lucidez y energía para enfrentar al Bicho. De arranque usó el envión de aquella jornada inolvidable, como cuando al otro día te levantás todavía un poco alegre pero que ese efecto te dura poco y luego te vence el cansancio. Así fue.

Montiel y Pinola volvieron a formar la línea de tres defensores (esta vez con Barboza) y sintieron el trajín, no estuvieron finos. Pity y Nacho, los generadores de juego intentaron pero también sufrieron el peso de las piernas, sobre todo Martínez. Scocco tuvo alguna situación pero la eficacia extrema ya la había usado. Enzo fue de lo mejor pero no alcanzó y cuando se mareó salió. Además, los que no juegan Copa y que venían de tener buenos desempeños como Rossi y Sarachi no hicieron pie. Y los relevos tampoco pudieron romper el resultado.

Fue empate y con un flojo rendimiento, que se pudo ganar, sí es cierto, sin embargo la resaca fue más fuerte y River se fue 1-1 con un sabor amargo por un lado por haber dejado puntos de local, aunque la Superliga es muy larga y recién comienza, pero por otro tranquilos y contentos disfrutando y recordando aún la noche de fiesta, esa que le permitió a la gente despedir al equipo con aplausos y con el ya tradicional grito de “yo te quiero Millonario, yo te quiero de verdad, quiero la Libertadores…”

Noticias relacionadas