Que dure para siempre

“Quisiera que esto dure para siempre”, cantaban Los Ratones Paranoicos en su regreso. Yo estaba ahí, el sábado, con la inesperada derrota en Bolivia muy fresca. Estaba ahí pero parte de mi cabeza pensaba en el jueves siguiente, ese que todo el mundo River esperaba.

Yo también cantaba “que dure para siempre”…y post 8-0 sigo cantando, que Gallardo dure para siempre en el club; que Ponzio y Maidana también; que esa mística que se construyó desde la llegada de Napoleón dure para siempre; que Nacho Fernández, Rojas, Enzo Pérez y Pity sigan; que Scocco siempre sea el de esa noche.

En la semana previa quería jugar ya, ahora. Con la goleada sellada quería que venga Lanús, San Lorenzo, Gremio, Real Madrid, el que sea.

Quiero que dure para siempre ese clima de Copa, que en la previa tiene a la gente sonriente, con otra cara y semblante, distinto a otro partido. Esas noches en las que apelamos a ritos, cábalas, cosas que se usan solo en esas ocasiones. Que en el partido se ve una motivación y unas ganas especiales, un color y una pasión únicos, esas begalas, el humo…todo.

Toda mi vida pensé y lo sigo sosteniendo que los que juegan (ganan y pierden) son los jugadores, y que el técnico es responsable pero en un porcentaje mucho menor. Sin embargo, el Muñeco es diferente, o por lo menos eso transmite, tanto a la gente como a los jugadores.

Se decía que el reloj iba a ser el otro rival, y River lo goleó, de arranque. Golpeó de entrada y no dejó respirar a Wilstermann. Presión, convicción, fútbol de alto vuelo, contundencia y eficacia durante 90 minutos con un nivel colectivo perfecto y con rendimientos individuales excelentes como los Nachos, Enzo, Auzqui, Montiel y Rojas.

Cuando lo ovacionaron, Gallardo señaló la cancha, haciendo referencia a los futbolistas, que el triunfo era mérito de ellos, y está bien, pero la noche del jueves 21 de septiembre de 2017 (y le sumo la semana entera) tanto el Muñe, los jugadores y la gente se tienen que señalar uno a otros porque esto fue de todos.

Y porque este 8-0 durará para siempre, como cantaban Los Ratones en su regreso.

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