¿Arranca o no arranca? Con Gallardo siempre arranca

Está claro que, de ganar, hubiesen aparecido las lógicas sonrisas, y que en caso de perder, como sucedió, cierta amargura, pero sin exagerar por ninguno de los dos resultados ya que más allá de ser un Superclásico, se trató de un amistoso, en el que solo se juega por el orgullo (importante…sí, pero no tan significativo en estos compromisos).

Dejando en claro una vez más lo de querer superarlos en cualquier circunstancia, el verdadero mal estar esta vez recae en el flojo funcionamiento del equipo, al cual le faltó fluidez e ideas para generar juego; el que abusó de pelotazos; que fue impreciso; no tuvo variantes y no pudo quebrar a un Boca con muchos suplentes y con una actitud mezquina. Para colmo, volvió a fallar el arquero.

No es para alarmar ni hacer un mundo, pero River no juega bien, y lo saben tanto los jugadores como el entrenador, en quien se confía ciegamente y el que hace que ese mal estar sea menos malo que si otro fuese el director técnico.

Si bien hace poco se retomó la competencia luego de la pretemporada, que además hay que darle cierto tiempo para aceitar las piezas y que pese a todo se consiguieron resultados positivos en los choques por los puntos, River no termina de acomodarse: El arquero aún no da garantías, la dupla central Maidana – Pinola (hoy Barboza) parece necesitar más tiempo, los rompe redes Alario y Driussi ya no están, el medio campo clave Rojas-Nacho-Ponzio-Pity que le devolvió la identidad hace un tiempo no termina de afinar las guitarras, Enzo Pérez va de a poco.

Sin embargo, en el banco está Napoleón, el dueño del reinventarse constantemente. Por eso, a confiar y esperar…y no olvidar que “la Copa Libertadores es mi obsesión”.

Noticias relacionadas